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Mundo

Noticias Junio 4, 2006

Stiglitz, Evo y los hidrocarburos

Otra mirada del proceso boliviano desde fuentes críticas y realistas. Es interesante ver tras el ruido de revoluciones y unidades en Amércia Latina, la necesidad de cambios, que bien pueden ser por la “vía legal”, los cuales aseguran estabilidad, abren la puerta a un crecimiento centrado en el desarrollo y orientan hacia una mayor equidad, como valor ético pero también como viabilidad del sistema social en Amércia Latina:

El Mercurio
Premio Nobel de Economía 2001:
Joseph Stiglitz: “Bolivia no tenía otra alternativa”
El economista estadounidense cree que la decisión de Evo Morales de nacionalizar los hidrocarburos no perjudicará a nuestro país.
BEATRIZ SILVA, Corresponsal

La decisión del gobierno boliviano de nacionalizar los hidrocarburos no sólo fue la correcta, sino la única que podía adoptar ese país. Así lo aseguró a “El Mercurio” el premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz.

Entrevistado por este diario, Stiglitz, considerado uno de los economistas más influyentes de la última década, afirmó que no se puede pedir a Bolivia que siga el ejemplo de Chile en materia económica y de inversiones, como reclaman algunas voces en España. “La situación chilena es totalmente diferente. No se trata de quién es más moderado y quién más radical ni tampoco de quién es más serio. Chile no privatizó sus recursos naturales, sino que mantuvo la propiedad de la mayor parte de sus recursos mineros desde el principio. Gracias a esto y a la buena gestión, pudo desarrollarse y hacer que el desarrollo se tradujera en beneficio para toda la población. En Bolivia esto no sucedió”, afirma el economista.

Tal como lo aseguró en su reciente visita a Bolivia, Stiglitz señaló que, a su juicio, la privatización de los hidrocarburos en Bolivia se hizo de manera ilegal, ya que no contó con el respaldo del Congreso, como exigía la legislación en ese país, ni consideró los intereses del pueblo boliviano.

“No se puede hablar de nacionalización porque la venta de activos no fue legal. Lo sorprendente es que se hayan mantenido durante tanto tiempo unos contratos que implicaban que los bolivianos recibían una parte ínfima de los beneficios y que no ayudaban para nada al desarrollo del país. Apenas recibían un 18% a partir de precios que eran menos de la mitad de lo que debían ser. Cuando se triplicaron los precios del petróleo, casi no era nada”, explica.

Y agrega: “Tenían que hacer algo para recuperar una parte justa de sus recursos, que es lo único que tienen para salir de la pobreza”, argumenta el economista, que cree que parte del revuelo se debe a que Evo Morales “no ha sabido hacer bien sus relaciones públicas”.

Repercusiones en Chile

En esta línea, Stiglitz dijo que la decisión del Presidente Evo Morales no tiene que perjudicar a nuestro país.

“Al contrario. Si Chile negocia ahora con Bolivia la compra de gas, tendrá más garantías, ya que los acuerdos serán estables porque contarán con un marco legal más transparente y con el apoyo de la población, lo que los hace más democráticos. Con la situación anterior, se corría el riesgo de que en cualquier momento asumiera un gobierno que decidiera acabar con todo y cortar los suministros de gas”, manifiesta.

Latinoamérica

Joseph Stiglitz, quien fue asesor económico jefe del Presidente estadounidense Bill Clinton, y una de las principales cabezas del Banco Mundial entre 1997 y 1999, es conocido por ser una de las voces críticas con las políticas liberalizadoras que este organismo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) promovieron en la década de los 90.

De visita en Barcelona, donde llegó con el objetivo de dictar una conferencia en la escuela de negocios IESE, habló de las consecuencias de estas políticas en Latinoamérica.

“Así como en China la liberalización ha resultado exitosa permitiendo que más de 300 millones de personas salieran de la pobreza, en Latinoamérica deja mucho que desear. En los últimos quince años ha crecido prácticamente lo mismo que en los años setenta y ochenta con sus propias políticas”, explica el economista.

“Argentina, uno de los países que más se liberalizó y más siguió las recetas, es uno de los que ha resultado más perjudicado. Bolivia también fue un alumno disciplinado, pero la población no ha visto las ganancias”, señala Stiglitz.

La excepción en la región, según Joseph Stiglitz, es Chile: “Su éxito se debe en parte a que no siguió al pie de la letra las reglas establecidas por el Consenso de Washington. Adaptó las políticas a su realidad manteniendo conceptos como la equidad y el combate de la pobreza”, concluye este premio Nobel de Economía.

“SU ??XITO (de Chile) se debe en parte a que no siguió al pie de la letra las reglas establecidas por el Consenso de Washington”.

Noticias Mayo 30, 2006

Huelga estudiantil en Chile

Quién lo iba a pensar, que a dos meses de iniciado uno de los gobiernos que parte con mayor esperanza de nuestra historia, con una admirable mujer de presidenta, con mayoría en el parlamento y con una inmejorable situación económica, tenemos huelga estudiantil.

Es un orgullo y esperanza por el futuro de Chile que los jóvenes ???incluso los niños??? estén tomando la iniciativa para exigir cambios políticos en Chile. Si hasta los empresarios y parte de la derecha han recomendado urgencia en hacer algo contra la concentración del ingreso en unos pocos, el peligro de promover consumo como modelo de vida y excluir a la mayoría.

Hay cuatro responsables del mantenimiento y aumento de la diferencia y la pobreza en Chile:

1). La prudencia ante una regresión autoritaria que cada vez se ve más fuera de lugar y hasta imposible. Los poderes fácticos se desvanecen como va desvaneciendo la presencia del anciano dictador retirado en nuestra vida ciudadana, más cerca de la ausencia plena cada día; necesitamos aprender a vivir con menos temor al lobo que ya no vino.

2). La ideología tan poco audaz como poco imaginativa del control de la economía. Es cierto lo de los equilibrios macro económico, pero se puede hacer mucho por invertir en futuro más allá de las infraestructuras, en apostar a mayor compromiso de las empresas y de los poderes económicos, y a exigir un ingreso a la globalización sin ceder en humanidad, soberanía y medio ambiente. Son puntos de diferencia en utilidades y costos, que una sociedad ordenada los vale para los inversionistas; qué decir de las condenas para quienes osamos hablar de estos sagrados temas sin ostentar títulos que avalen participar de tan sacra sabiduría.

3). La excesiva confianza en las políticas comunicacionales, de ver para creer a más bien creer en lo que se ve ???y hacer creer como si. Es fantástico ver a los estudiantes escurridizos a las maniobras de la autoridad por enredarlos en acuerdos administrativos y desgastarlos en su movimiento. Es hora de comenzar a decirle blanco a lo blanco y negro a lo negro, que los presidentes no son responsables de todas las debilidades de sus gobiernos si las reconocen y corrigen.

4). El más sutil de los responsables es la maquinaria pública que ya con dieciséis años se anquilosó, se cansó y se acomodó. De jóvenes luchadores que llegaron a ocupar los puestos para una gesta de recuperación de tantas cosas a inicios de los noventa, hoy encontramos adultos cansados, con poco horizonte, con temor a perder el empleo, comprometidos con evitar conflictos y tensiones, y respondiendo corporativamente, en la trasversalidad más absoluta, ante toda presión del entorno ciudadano. Es cierto que han cambiado muchos ministros y caras en estos cuatro gobiernos de la Concertación y que la mayoría de ellos son brillantes personas, pero las caras intermedias se han repetido ya demasiados años.

Lo hermoso es que los estudiantes se muestran inteligentes y maduros en sus reivindicaciones, incluso generosos más que sus pares parisinos de hace unas semanas. Ellos no quieren sólo pase gratis de transporte y derecho gratis a la prueba de selección de la universidad, quieren una mejora general de la educación para hacer equidad con la mayoría y con el futuro de Chile.

Quién lo iba a pensar, el gas lacrimógeno de esta mañana de profesional caminando por el centro de Santiago, me hizo sentirme más joven.

Noticias Mayo 27, 2006

El nuevo ladrillo: equidad, integración y crecimiento

Cuesta aceptar la propuesta en un inicio. Cómo vamos a aceptar que somos la continuidad del programa básico de la Dictadura de Pinochet en materia económica y social. Pero, en fin, a esta altura, se han visto cosas más difíciles de aceptar. Lo mejor es lo que Mario Waissbluth propone para el futuro. Sobre esa base se debe construir el nuevo consenso sobre el plan estratégico de Chile. Esto no es teórico, sino que práctico y urgente:

Qué pasa
¿Necesitamos un nuevo Ladrillo?

Conspicuo concertacionista, el autor de esta columna lanza una provocadora argumentación: El Ladrillo, el plan económico escrito por los Chicago Boys a principios de los 70 y en el que se cimentó el régimen militar, es un retrato hablado del Chile del 2006 y hoy el país se explica -con un nivel de detalle inconcebible- en buena parte por dicho proyecto. En este artículo, Mario Waissbluth explica por qué este texto fundacional logró, pese a su signo ideológico, trascender a Pinochet, cuáles han sido sus aciertos y sus vacíos, y responde la pregunta que muchos hoy se formulan: ¿Llegó la hora de idear, escribir y poner en marcha un Ladrillo II?

Continúa:

Por Mario Waissbluth

Releyendo El Ladrillo en el 2006

Durante una charla académica para treintones mencioné el impacto de “El Ladrillo” en la transformación de Chile. Ante las miradas de extrañeza de la concurrencia, pregunté cuántos habían oído hablar de este texto: menos del 20%. Decidí entonces proseguir mi encuesta, preguntándoles a diversos amigos cincuentones y, salvo honrosas excepciones, me encontré con la misma mirada extraviada.

Retrocedamos. Al desarrollar con mi colega José Inostroza un estudio sobre la reforma del Estado en Chile, desde 1990 al 2005, resultó obligatorio partir desde atrás y revisar este mamotreto, escrito por los Chicago Boys (algunos de derecha y otros DC) durante el gobierno de Allende y que, según cuentan, habría estado fotocopiándose el 11 de septiembre de 1973 y entregándose el día siguiente a la Junta. Lo impactante de esta revisión es que resultó ser un retrato hablado, no del Chile de 1990, sino del Chile del 2006. Obviamente, ni El Ladrillo ni yo estamos hablando aquí de violaciones a los derechos humanos, cuentas en el Riggs o de algunas dudosas pero exitosas privatizaciones. Me refiero a la política económica y social.

Citas del mamotreto: “Los problemas de redistribución del ingreso se solucionan a través del Estado con el aparato tributario, educacional, previsional y de subsidios directos”; “distribución equitativa del ingreso… erradicación de la extrema pobreza… igualdad de oportunidades de acceso”; “el nuevo sistema previsional constará de dos subsistemas: uno de carácter estatal, con una previsión mínima igual para todos los chilenos, y el otro en base a un sistema de ahorro que se depositará mensualmente en una institución especializada”. Agreguemos las isapres, la modernización del sistema tributario; el achicamiento del Estado; regionalización, municipalización y privatización parcial de la salud y la educación. Enfasis en las soluciones de mercado y descentralizadas; apertura al comercio exterior; violación de la ortodoxia en materia de privilegiar sectores productivos: “Vinos, frutas, hortalizas, productos del mar, cobre y hierro, forestal”, “al estilo de países nórdicos” con instrumentos de fomento proactivo. “Sistema de ahorro previo para percibir beneficios de vivienda”. Privatización de empresas públicas “salvo las estratégicas”. Está todo con un nivel de detalle inconcebible. Se le erizan a uno los pocos pelos. Rara vez un grupo académico ha tenido tal impacto en la transformación de un país.

Aunque se enojen algunos amigos de la Concertación -de la cual desde 1989 soy y seguiré siendo miembro, con carnet virtual-, Chile se explica hoy en buena parte por este plan. Ingeniería económica a gran escala y sin restricciones políticas. Difícil ubicar otro gobierno con un plan de reformas tan ambicioso y consistente como el implementado por el régimen militar. Cuando se recuperó la democracia, en 1990, Chile era otro y el Muro se había caído. Una generación había nacido en dictadura; economistas antes de centroizquierda y marxistas ya eran renovados; y existía un Estado reducido al mínimo y con funciones distintas a las que tenía hasta 1973.

¿Por qué El Ladrillo ha persistido 33 años?

¿Por qué El Ladrillo ha estado vigente por 33 años? La continuidad se debe a varios elementos: un real convencimiento de las principales autoridades económicas de la Concertación (algunos pudieran ser tildados de “alcohólicos reformados”); una postura táctica en momentos de “boinazos”; los auspiciosos resultados en el crecimiento; y las “leyes de amarre”, perfectamente diseñadas para evitar cambios sustantivos. Difícil evaluar qué pesó más. De cualquier forma, la orientación no fue radicalmente diferente. La Concertación no llegó al poder para hacer una revolución sino para recuperar la paz, y en esas situaciones las administraciones públicas tienden a ser inerciales. Un porcentaje significativo de los funcionarios públicos siguen siendo los mismos del régimen militar e incluso de gobiernos anteriores.

La Concertación adoptó las bases del modelo económico, intentando proactivamente perfeccionarlo en favor de los más pobres, lo que por cierto también estaba dentro de las intenciones de El Ladrillo. En democracia, se consolidó la transición al nuevo “Estado-mercado”, con modestos intentos por desplazar el eje hacia la orientación socialdemócrata europea, pero manteniendo el gasto público tan restringido como la Concertación lo encontró a su llegada al gobierno. La impresionante reducción de la pobreza lograda entre 1990 y el 2005 se explica en más del 70% por el crecimiento y en menos del 30% por el esfuerzo redistributivo. Sin embargo, algo no menor, esto se logró en democracia, reparando las fracturas a un punto tal que los discursos de los últimos cinco precandidatos presidenciales le resultaron completamente indistinguibles a un amigo gringo que vio los debates por CNN y que no sabía quién era quién. De la confrontación al consenso en 16 años. Ese es el mejor logro de la Concertación.

Un cambio esencial introducido por la Concertación, adicional a la crucial recuperación de la democracia, consistió en que las políticas macro se complementaron con un mayor énfasis en los sectores sociales más postergados y se realizaron diversas reformas del Estado que darán para futuras columnas. Chile pasó también del estatus de paria internacional a uno de alto prestigio. La oprimida cultura se liberó de su temeroso ambo de pantalón gris con chaqueta azul, adoptando tenidas más libertarias.

Los entrevistados durante nuestro estudio sobre la reforma del Estado 1990- 2005, afines a la Concertación, han caracterizado el rol de los gobiernos democráticos como el de rescatar la dignidad de un Estado vapuleado por una ideología implementada a la fuerza. En este sentido, el discurso y la práctica cambiaron de manera significativa. Con todo, observando desapasionadamente, la Concertación mantuvo y profundizó la economía de mercado, continuando en lo general las políticas, incluidos el nivel de gasto y los vetustos estatutos fundamentales de la administración del Estado.

Patricio Meller, en su libro “La Paradoja Aparente”, plantea una visión de cambios más profundos: las diferencias podrían sintetizarse en que el modelo ladrillesco tiene como objetivo central la maximización del crecimiento económico y todo el resto es un subproducto; los problemas sociales y distributivos se resuelven gracias al “chorreo” y el rol del Estado se restringe al uso de políticas asistenciales para los más pobres. En cambio, el modelo de la Concertación asigna, según su análisis, una gran importancia a la gobernabilidad: hay diferencia entre estar en democracia o en dictadura; luego, hay una preocupación permanente por el efecto distributivo que tienen todas las políticas públicas, y dado lo anterior, se procura maximizar el crecimiento económico.

En retrospectiva, lo que dice Meller contiene una gran verdad: otra cosa es con guitarra, cuando la guitarra se llama democracia. En todo caso, ésta es una guitarra que tuvo elevados componentes inerciales. En las filas de la Concertación nos cuesta reconocer que, a diferencia de la democracia y los derechos humanos, las políticas económicas, sociales y de administración del Estado han variado escasamente. Más bien, se han profundizado.

El Ladrillo en balance

Las diferencias entre el régimen militar y la Concertación pueden interpretarse como una migración gradual desde un modelo de corte “Bush-Thatcher” a uno que intenta acercarse al capitalismo socialdemócrata europeo, pero con una importante restricción: la contención de los niveles de gasto público como porcentaje del PIB, que en Europa son más del doble que en Chile. De allí que no sea sorprendente que los resultados en materia de desigualdad no hayan sido lo que inicialmente se soñó. El Ladrillo aspiró a un crecimiento del 7% y se quedó muy corto. La Concertación aspiró a la equidad y también se quedó muy corta, pero paradójicamente sobrepasó al régimen militar en materia de crecimiento.

La tasa de crecimiento del PIB 1974-1989 fue 3.1%, harto menor que el 5.5% entre 1990 y el 2005, y similar al 3.4% entre el 60 y 1973. Como fruto de dos megacrisis sin mecanismos de estabilización, la volatilidad de la economía chilena fue peor en el período militar que en el de la Concertación. Se entregó el gobierno en 1990 con una tasa de pobreza de 38% y una empeorada distribución del ingreso, la que ya no variaría. La revolución estructural sentó las bases para la inserción de Chile en la economía internacional, pero con un enorme costo político, ético y social. En 1990 este país estaba fracturado.

Como lo dijera Rolf Lüders con crudeza en Qué Pasa en el 2005: “La Concertación ha administrado mejor el modelo que la derecha… al abrazar el modelo pudo sustentarlo sin mayores reacciones sociales contrarias” y más insólito aún: “Como confío en que el número de envidiosos no domina la población, la eliminación de la pobreza sobre la base de un rápido crecimiento debiera ser suficiente para evitar que presiones sociales induzcan a las autoridades a tomar medidas populistas”. “Envidiosos”… aquí está la ideología destilada del chorreo y uno no puede sino preguntarse si acaso un anciano enfermo que jubiló a los 65 años con una pensión de $75.000 mensuales no habrá tenido algunas razones para sentirse “envidioso”, al igual que una familia que constata que con la actual educación de sus hijos no tendrán la menor chance de surgir en este globalizado mundo. ¿Cuál será la distancia entre “presiones sociales” y “explosiones sociales”?

No hay un Chile, hay dos. La cuantificada tasa de “inmovilidad social” de Chile es peor que la de Perú y Sudáfrica, aunque usted no lo crea. Hay 9 deciles de ingreso y hay un decil que gana 2.6 veces más que el decil que le sigue a continuación. Es una suerte de “Soweto sudafricano, pero rico”, apartheid a la inversa de murallas virtuales, cuya población reside (y me incluyo) en Las Condes, Vitacura y comunas aledañas. La posibilidad de migración es bajísima. Naciste en un Chile y allí te quedaste.

Tal vez si vives en Soweto-rich y toda tu familia sufre una catástrofe grave podrías ser expulsado al “Chile pobre”. A la inversa, ingresar al Soweto-rich requiere talento o suerte excepcional, color de piel compatible y hablar sin la “sh”. Las trenzas al interior de esta república son poderosas y muchos padres dispuestos a pagar carísimo por colegios particulares están más preocupados de comprarles a sus hijos una red social que una educación de calidad. El mejor cuartil de alumnos de Chile obtiene en los tests internacionales resultados similares al peor cuartil de la educación cubana o asiática.

¿Será hora de un nuevo Ladrillo?

Es difícil que surja un “Ladrillo II formal”. Hoy existe democracia, no dictadura. Con las revoltosas coaliciones de oposición y de gobierno, los desgarros de vestiduras ideológicas nos mantendrían peleando por una década cada punto y coma del nuevo mamotreto. Por otro lado, y paradojalmente, el propio éxito del “plan” El Ladrillo convirtió la palabra “planificación” en una obscenidad.

Sin embargo, dicho lo anterior, llegó la hora de darle cristiana sepultura al “Ladrillo I” por la sencilla razón de que después de 33 años, el modelo NO funcionó en materia de equidad. Hay motivos para estar optimistas, no en la construcción de un “Ladrillo II”, sino probablemente en el armado de un montón de piezas de Lego que conformen un nuevo Ladrillo, pero “pa callao”, para que los monstruos ideológicos no se espanten. Así lo dijeron los cinco precandidatos: cobrémoslo.

No soy quién para dictaminar, pero creo en algunos elementos esenciales que debería tener este Lego o “Ladrillo pa callao”: 1) Que las elites chilenas se tomen en serio el cuento de la igualdad de oportunidades en la sala de clase, para las mujeres, los indígenas, los jóvenes y los niños que hablan con la “sh”. 2) Tomárselo en serio va a costar más gasto público como porcentaje del PIB; aunque sea transitoriamente, no nos hagamos los tontos. 3) Para que lo anterior sea digerible, especialmente para ladrillófilos, el Estado debe ser modernizado a nivel tal que sea políticamente aceptable y técnicamente eficiente meterse la mano al bolsillo. 4) Para que lo anterior sea posible hay que romper intereses corporativos de algunos recalcitrantes gremios públicos y grupos privados. 5) Los “alcohólicos reformados” deberán oler la botella y comprender que en Nueva Zelanda, Corea del Sur o el país emergente que gusten, el Estado conspira activamente con el sector privado para aumentar la competitividad y la innovación de sus sectores productivos.

Por último, seis humildes metas a 10 años plazo: 1) Crecimiento no menor a 6%; 2) 80% de los estudiantes de Primero Medio entiende a cabalidad lo que lee, sabe hacer restas de cuatro dígitos y dividir fracciones (no es mucho pedir); 3) el Gini -índice entre cero y uno que mide el grado de desigualdad en la distribución del ingreso- pasa de nuestro estable 0.57 a 0.47; 4) quinientas pymes crecieron en US$10 millones de facturación a base de una innovación de producto o modelo de negocio; 5) veinte mil entrenados en el extranjero (doctorados, magíster, pedagogos o peluqueros, incluyendo técnicos de empresas); 6) el 80% de las prácticas y procesos de trabajo del sector público lograron los estándares de calidad de los países avanzados agrupados en la OECD.

En una de ésas logramos el ansiado y hasta hoy no alcanzado crecimiento con equidad.

Noticias Mayo 22, 2006

Campesinos de clase mundial

Conozco a Herán Rojas desde los tiempos de la universidad y siempre estuvo preocupado tanto de la honestidad y la fidelidad a las convicciones, como de ponerle efectividad, calidad e innovación a todo lo que hacía. Es un verdadero gusto conocer su nombramiento en un ámbito tan crucial para el desarrollo de tantas comunidades y para la preservación de una parte importante de nuestra tradición:

El Mercurio
Hernán Rojas, Director Nacional de Indap
“Aspiramos a tener clase mundial”

ARNALDO GUERRA MARTÍNEZ
La entidad apunta a lograr la certificación ISO 9001, que la dejaría a nivel de un país que aspira a ser potencia alimentaria, señala el directivo, quien anuncia fuertes cambios en su acción por la pequeña agricultura.

Sólo en los próximos días se conocerán anuncios concretos de la Presidenta Michelle Bachelet para la pequeña agricultura. Se sabe que en el ministerio del rubro trabajan en una propuesta contundente que, probablemente, apuntará al corazón de los problemas que tiene ese sector para que finalmente pueda subirse al carro de la globalización en el que compite Chile.

Continúa:

En esta labor el Instituto de Desarrollo Agropecuario, Indap, juega un rol fundamental, aunque hasta ahora su tarea es vista más como apoyo socioeconómico que como impulso real de desarrollo. Además, está en el ojo público por episodios de corrupción y acusaciones de intervención electoral.

Hernán Rojas, su nuevo director nacional, trae nuevos aires. Está decidido a convertir al Indap en una institución de nivel mundial y vestirla con un ropaje más técnico.

“Hasta ahora se apoyó a la agricultura familiar campesina en el fomento productivo. Se le puso a disposición créditos, apoyos a la inversión y asesorías técnicas. A partir de eso, ahora queremos caracterizar mejor dónde está, cómo está produciendo, cómo está transformando sus productos, cómo está comercializando, identificar los puntos críticos y, en función de esas restricciones, adaptar nuestros instrumentos y servicios”.

– ¿Qué medidas concretas se están tomando al interior de Indap con este fin?

– Aspiramos a convertirlo en una institución técnica de clase mundial, así de claro. Porque si Chile quiere estar entre los diez principales países exportadores de alimentos del mundo, y se plantea que la agricultura familiar campesina participe en el proceso de ser top ten, ésta tiene que estar en ese estándar y también la institución que la apoya.

– ¿Qué significará en términos concretos ser una institución de clase mundial?

– Vamos a identificar los procesos más importantes del servicio y se van a estandarizar, de manera que en todo Chile se hagan las cosas de la misma manera y no haya discrecionalidad. Como segunda medida, vamos a lanzar una propuesta de tener las agencias de área (oficinas locales) certificadas en ISO 9001, que es la certificación más importante que puede tener una institución de servicios. Es decir, van a tener estándar mundial.

– ¿En qué se traducirá eso?

– En lo interno, esta institución va a tener una relación regional muy potente y la constitución de los equipos apunta a tener la mejor gente para los distintos desafíos.

En la relación con los agricultores se van a uniformar los procesos. Van a tener certeza, tiempos de respuesta, información oportuna, capacidad técnica que lo va a atender, información disponible, un sistema informático en línea para apoyarlo en sus trámites, un registro de asesores técnicos del más alto nivel, certificado y acreditado para que pueda acceder a asesoría técnica. Vamos a asegurar que esta promesa que estoy anunciando tenga un timbre ISO 9001, que no lo pone Indap, sino una empresa externa.

– Hasta ahora un porcentaje ínfimo de campesinos exporta y lo normal es que lo haga como proveedor de una agroindustria. ¿Eso es lo máximo a lo que pueden aspirar?

– Aspiramos a que los campesinos puedan acceder a los mercados más dinámicos nacionales o internacionales. Todo lo que ayude a mejorar la situación en que están es bienvenido. Y esto es dinámico: si alguien está vendiendo a un mercado de exigencia uno y lo hace bien, ojalá que aspire a vender a otro de exigencia dos y ojalá tres. Nos interesa que tenga como perspectiva llegar a cualquier mercado y diferenciarse.

– Y en algún momento desprenderse de papá Indap…

– A nosotros nos interesa habilitar en todo sentido. Desde el punto de vista de ir generando niveles de autonomía suficientes para que los agricultores puedan desenvolverse solos. Por otra parte, aspiramos a que ellos puedan tener una relación horizontal con los que les compran sus productos.

Es y va a ser política de esta institución que la ayuda sea habilitadora para que se genere independencia. Mientras los campesinos lo necesiten el Estado los va a ayudar, pero el tipo de apoyo cambia porque las exigencias se complejizan. Vamos a tener una trazabilidad ciento por ciento de los proyectos. Cada productor tendrá su historia y yo no voy a tener ocho años a alguien aprendiendo a producir. Me voy a asegurar de que haya a lo menos un egreso de nivel. De hecho, hoy el que no paga los créditos no vuelve a tenerlos, lo mismo con la asesoría técnica, el agricultor la pierde si no asiste a capacitación.

– ¿En la nueva etapa se les dice adiós a los tan cuestionados bonos de cien mil pesos?

– Definitivamente, no estamos por la política de entregar recursos frescos. Queremos habilitar a los productores. Por ejemplo, nos hemos involucrado personalmente en la mesa del maíz, en la VI Región. ??ste es un tema que está en el centro de la forma en cómo queremos enfrentar los problemas. Vamos a elaborar un diagnóstico común con los maiceros y a determinar técnicamente quiénes y bajo qué circunstancias pueden seguir con el cultivo y quiénes deben abrirse a otras oportunidades. Para los que sigan, vamos a hacer un programa de asesoría técnica y de apoyo financiero. Para los otros haremos uno de reconversión de alto nivel, muy responsable, porque no queremos que el remedio sea peor que la enfermedad.

– El período presidencial de sólo cuatro años exige metas muy concretas.

– No vamos a partir de cero. Habrá cosas que se verán en cuatro años y otras después, pero lo responsable es hacer lo que haya que hacer. Por ejemplo, el gran énfasis es apostar a las personas; eso no necesariamente se verá de inmediato, ni tampoco convertir a Indap en una institución de clase mundial, pero hay una convicción del ministro y mía de que el mejor aporte que podemos hacer es tener una institución de ese nivel.

– Indap tiene fuertes detractores.

– Lamentablemente, por sucesos bien aislados, en general cerca de las elecciones, se empañaron grandes cosas que se estaban
realizando. No se puede generalizar que ésta es una institución corrupta, que se dedica a hacer política, que es paternalista o que hace mal las cosas. Estamos identificando los aspectos de riesgo para que no se den más.

Noticias Abril 26, 2006

Patricio Aylwin: el poder de la paradoja

Había leído un resumen de las entrevistas al Presidente Patricio Aylwin en el diario La Tercera hace unas semanas, pero la conversación entre Fernando Villegas, Andrea Vial y uno de los autores en los podcasts Terapia Chilensis de Radio Duna, me hizo apurarme a comprar y leer el libro El poder de la paradoja, escrito por Margarita Serrano y Ascanio Cavallo, (editorial Norma, 2006).

Leyendo el libro descubrí varias cosas, como mi desconocimiento de la otra versión de lo que sucedió los días previos al Golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973, en que Patricio Aylwin negoció hasta el final con Salvador Allende. Si bien hizo una firme oposición al Gobierno de la Unidad Popular, Aylwin, como una parte importante de la Democracia Cristiana, siempre tuvo y ha tenido un compromiso de alternativa al sistema capitalista liberal de organizar la economía, especialmente motivado por los costos sobre la gente más modesta. Recuerda que el mercado no es una religión ni un principio científico, sino un modo de organizar la economía que puede ser modificado y mejorado. Prefería de todos modos votar en el Congreso la confirmación del triunfo de Allende que apoyar la segunda mayoría relativa de derecha y se opuso hasta el final ante la alternativa de intervención de los militares.

Continúa:

Villegas me alumbró sobre la dimensión de liderazgo y estadista del Presidente Aylwin, algo así como esa inteligencia quizás intuitiva para siempre encontrar una salida de menos costos de vidas humanas ante los conflictos políticos. Pero también aparece el ser humano más personal, tan grande en horizontes como modesto en reconocer sus debilidades y en lo que necesitó ayuda en su gobierno como Presidente. Reconozco que comencé a admirar ???y no antes??? al presidente Aylwin en su primer discurso como candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia en el teatro Caupolicán a mediados de 1989. Antes todavía estaba sometido a la costumbre de ver el mundo como polaridades simples y me consideraba parte de un mundo progresista de la Democracia Cristiana, que se demostró pronto como no más que una caricatura.

Para la sabiduría histórica quedará que el Gobierno del Presidente Aylwin fue crucial para pacificar el país y dar curso a un proceso de democracia, desarrollo y equidad social. Es pertinente aceptar que la transición que hizo su gobierno fue la más delicada y que los gobiernos posteriores han sido la continuación y profundización de las bases de democracia, crecimiento y equidad que se iniciaron en ese período. Lo que no es poco decir, si se consolidó un consenso profundo y transversal en torno de la estrategia de desarrollo y el sistema democrático.

Finalmente, es notable la libertad en que se expresa acerca del pasado, la inconformidad sobre el presente, la esperanza y frescura en torno del futuro, una persona que siendo líder ya cuenta 87 años de vida. Lo único que critico del libro es la excesiva síntesis de entrevistas que seguro quitó riqueza, complejidad y el interés que daban para un libro mucho más extenso.

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