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Coaching

Noticias Octubre 27, 2005

Resiliencia

Hace un tiempo que comenzó a escucharse con fuerza la palabra Resiliencia en ámbitos distintos que en el que se utilizaba originalmente como es la psicología infantil o el mal trato infantil. esta palabra hace mención a un ánimo de reponerse, reconstruirse frente a catastrofes de la vida (originalmente en niños) y preocupado por el cultivo de emociones que ayuden en otros momentos difíciles de la vida profesional, empresarial, polícia o familiar, llegué a lecturas del doctor Boris Cyrulnik, quien es considerado el inventor de la distinción “resiliencia” como es utilizada en salud mental con niños y las prácticas asociadas a este entendimiento de la voluntad, el amor y la alegría como fuentes de reconstrucción de la vida.

Aquí comparto con ustedes entrevistas y artículos sobre Boris Cyrulnik:


1. “Un niño maltratado puede sobrevivir sin traumas si no se le culpabiliza”

2. “Sin los animales, el mundo no sería humano”
3. La Maravilla del Dolor
4. “Nunca se ha de esquematizar a la persona reduciéndola a su trauma”
5. Resiliencia y psicoanálisis.
6. Sitio chileno resiliencia.cl

Noticias Octubre 26, 2005

Dalai Lama: Mundos en Armonía

Las siguientes son citas del libro Mundos en Armonía, Diálogos sobre la acción compasiva Dalai Lama y varios intelectuales de fama mundial como Daniel Goleman, Stephen Levine, Jean Shinoda Bolen, Daniel Brown, Jack Engler, Margaret Brenman-Gibson y Joanna Macy, cada uno con historias personales que los hacen relevantes para el mundo que vivimos. (Ed. Oniro, 2001).

También pueden visitar Mind & Life. 

Compromiso con la acción:
– Pero en el fondo debemos recordar que la esperanza es sólo eso, esperanza. A no ser que conduzca a la acción, no sirve de mucho. Aunque yo rece, si he de ser sincero, no creo demasiado en las plegarias. La acción es mucho más importante que limitarse a orar. A no ser que nuestras percepciones tengan como resultado alguna acción práctica, no sirven para nada. El verdadero efecto debe surgir de la acción y no sólo de la esperanza. (Pg. 30)

Sufrimiento y Felicidad
La actitud que tenemos hacia el sufrimiento es muy importante. Si lo miramos demasiado de cerca, podemos llegar a sentirnos abrumados, o sea que además de sufrir estaremos deprimidos y ansiosos. Pero si observamos la misma situación desde una perspectiva distinta, podemos ver que aunque el acontecimiento sea verdaderamente trágico, podía haber sido peor. Observarlo de ese modo disminuye el grado de ansiedad y sufrimiento. En cada evento hay una serie de aspectos. Si sólo nos fijamos en el aspecto negativo y únicamente pensamos en él, nos sentiremos abrumados. (Pg. 30-31)


Si por dolor usted quiere decir las sensaciones físicas y por sufrimiento las respuestas mentales que comporta, en tal caso puede afirmar que el sufrimiento y la felicidad mentales se sienten con más intensidad que el placer o el dolor físicos. Por lo tanto, es posible que la fuerza del placer o del sufrimiento mentales sea tan arrolladora que supere las sensaciones físicas.

A veces aceptamos voluntariamente una cierta cantidad de dolor físico. Por ejemplo, para tener un cuerpo sano, necesitamos hacer ejercicio. Durante esos momentos, podemos sentirnos cansados e incluso cierta sensación de dolor en las articulaciones. Pero hay unas razones para aceptar ese dolor, así que mentalmente no sufrimos en absoluto. Más tarde, al ver cómo nuestra musculatura se desarrolla, incluso nos sentimos felices. (Pg. 47-48)


Hasta ahora he estado hablando de cómo cambiar la actitud mental que tenemos hacia el sufrimiento y de qué modo debemos verlo. Si usted lo afronta con una mente ecuánime y serena, en lugar de limitarse a reaccionar negativamente, el sufrimiento de su mente disminuirá. Después de esto, decidir si deja o no que otra persona siga comportándose de la misma manera dependerá de la situación. Debe juzgar cada situación por separado. Perdonar o ser paciente no significa ceder ante cualquier cosa que alguien le haga. (Pg. 48)

Mediante el aprendizaje budista uno desarrolla la comprensión de los distintos niveles de fufrimiento. Aceptamos además la teoría del karma o de la acción, y esto es también útil para disminuir el sufrimiento mental.

Cuando las cosas ya han ocurrido, de nada sirve preocuparse. Si hacemos todo cuanto podemos, con una motivación sincera, si tenemos éxito nos sentimos bien, y no es así, no nos arrepentimos de nada. Esta clase de actitud analítica es de gran ayuda. (Pg. 50)

Compasión Si usted profundiza más en su práctica espiritual, haciendo hincapié en la sabiduría y la compasión, se encontrará con el sufrimiento de otros seres sensibles una y otra vez, y tendrá la capacidad de reconocerlo, de responder a él y de sentir una profunda compasión en lugar de indiferencia o impotencia. Al contemplar el sufrimiento, no se hunda en la depresión. Al reflexionar sobre la felicidad, no caiga en un sentimiento de suficiencia o de presunción. El hecho de cultivar la sabiduría nos ayuda a evitar estos riesgos. Pero es difícil generalizar porque cada persona tiene un valor y una paciencia que le son propios. Son las características que nos permiten reconocer el sufrimiento de los demás y responder a él. (Pg. 54)

La práctica de la meditación también es muy parecida. Si intentamos meditar con gran empeño, la mente se llenará de agitación, tensión, letargo o embotamiento. Cuanto más luchemos, más se agotará nuestra mente. En este punto lo mejor es dejar de meditar e ir a refrescarnos. No es eficaz seguir meditando en estas circunstancias. (Pg. 55)

El enfoque budista es, ante todo, reflexionar sobre nuestros defectos y después sobre las consecuencias destructivas que producen a largo plazo. En el budismo se concede mucha importancia a meditar sobre la verdad del sufrimiento. Esto puede ser un poco deprimente, pero cuando vemos nuestros defectos con claridad, vemos también la posibilidad de liberarnos de ellos. Ver los defectos tiene mucho que ver con nuestra capacidad de despertar. (Pg. 58)

Desde el punto de vista budista, no hay ningún error que sea irremisible. Siempre hay la posibilidad de cambiarlo. El reconocimiento de nuestra inteligencia humana puede ayudarnos a tener más confianza al afrontar situaciones difíciles. Esto es muy importante. Cuando un se siente desanimado por ideas como: Soy demasiado viejo, No soy lo bastante inteligente, He cometido demasiadas malas acciones en el pasado o Simplemente, no soy lo bastante bueno, un práctica budista común es estudiar las vidas de las generaciones pasadas de adeptos budistas que actuaron peor que nosotros o que fueron incluso más estúpidos. Al hacerlo, nos daremos cuenta de que fueron capaces de alcanzar la liberación y nos diremos: Si ellos pudieron, yo también puedo hacerlo. Vemos nuestra situación en un contexto relativo y no en uno extremo como: Soy demasiado viejo. (Pg. 59)

En primer lugar, debemos examinar si es posible resolver el problema. Si hay una salida, no tenemos por qué preocuparnos Y si no hay, de nada sirve deprimirnos. La razón por la que sentimos angustia mental es que no deseamos el sufrimiento ni el dolor. Pero si nos obsesionamos con nuestro sufrimiento y nos deprimimos y abrumamos, sufriremos más aún. Si el sufrimiento ya ha ocurrido, es mejor olvidarse de él. De este modo no lo aumentaremos. No agrave lo que ha ocurrido en el pasado cavilando sobre ello y agudizándolo. Deje simplemente el pasado donde debe estar y viva el presente, dando los pasos necesarios para evitar que esa clase de sufrimiento se repita en el presente y el futuro. (Pg. 73)

Creo que hay una diferencia entre los conflictos mentales que uno siente y las emociones que generan: ira, hostilidad, etcétera. Si no podemos expresar los conflictos mentales que tenemos, más tarde en la vida, cuando seamos capaces de expresarlos, vendrán acompañados automáticamente de hostilidad e ira. Por consiguiente, es importante expresar el sufrimiento, no tanto la hostilidad, sino el sufrimiento en sí. (Pg. 79)

Esto es algo que los budistas necesitamos aprender. La ira subconsciente, de tener un paralelismo con los textos budistas, haría con lo que se denomina infelicidad o insatisfacción mental, en el sentido de que se la considera como la fuente de la ira y la hostilidad. Podemos verla como una falta de conciencia, y también como una activa mala interpretación de la realidad. (Pg. 84)

Vacuidad
El verdadero significado de vacuidad

es la ausencia de existencia independiente. Normalmente proyectamos una existencia independiente sobre los eventos y las cosas. Vacuidad tiene una connotación de plenitud? de depender de otros factores. La doctrina de la vacuidad implica una interconexión. Lo que el término ilusión significa en el budismo, en particular en la filosofía Madhyamika, es que los fenómenos no existen independientemente unos de otros, que su apariencia de existir independientemente es ilusoria. Esto es lo que significa???ilusión???, y no algo que no esté realmente allí. (Pg. 42)

Defensa de la paz
Es un tema sobre el que suelo insistir: para llevar la paz al mundo debemos gozar de paz mental. (Pg. 87)

Transformar la ira
Depende de lo intensa que sea. Si no es demasiado fuerte, puede intentar ver un aspecto distinto del individuo que la suscita. Cada persona, por más negativa que parezca ser, tiene también atributos positivos. Si uno intenta fijarse en ellos, la ira disminuirá de inmediato. Esta es una solución. Otra cosa que puede hacer es intentar encontrar qué es lo que la ira tiene de bueno o útil. Si lo intenta, descubrirá que no puede encontrar nada, pues la ira es realmente dañina. En cambio, en la paciencia, la compasión y el amor encontrará muchas ventajas. Y una vez adquirida esta clase de genuina convicción, cuando la ira empiece a formarse, recordará su negatividad e intentará disminuirla. Pero cuando la ira es demasiado intensa, puede intentar dirigir la mente a otra parte, pensar en otra cosa. Limítese a cerrar los ojos y a concentrarse plenamente en la respiración. Cuente hasta veinte o veinticinco respiraciones y, al cabo de este tiempo, la ira habrá disminuido ligeramente, se habrá calmado un poco. Pero si la ira es muy violenta, ¡entonces, a luchar se ha dicho! Estoy bromeando. En realidad, es mejor expresarla que guardarla en el interior. Los sentimientos negativos y detestables que uno siente pueden permanecer dentro durante años. Esto es lo peor. Comparado con ello, es mejor decir unas cuantas palabras desagradables. (Pg. 88-89)


ir a Mind & Life

Noticias Octubre 25, 2005

sin titulo

·Fortalecer a las asociaciones gremiales que conforman FEMPYME
·Representar a sus asociados con el gobierno
·Generar vínculos con la banca
·No solamente enfocarse en vender
·Fortalecer la asociatividad
·Hacer de intermediario para adaptar los servicios que ofrece el estado a los empresarios
·Estamos obligados a generar una oferta diferenciada como chilenos para competir en el mundo, con tecnología
·Orientar la empresa en el mundo, generando cadenas de valor
·Abrir a los empresarios al mundo
·Fomentar la cooperación empresarial
·Promover certificaciones
·Cultivar un estilo seductor y posicionarlo en la prensa
·Cultivar una cultura de la competitividad
·Participar en la decisión en las acciones, planes y proyectos que incidirán en los empresarios.
·Generar convenios para los asociados y venderlos
·

Noticias Octubre 22, 2005

Cómo podemos corregir el modelo

portada
Cómo podemos corregir el modelo

Después de la polémica que generaron sus cuestionamientos al modelo económico y al rol de las elites chilenas, el ex presidente de la Sofofa detalla en este artículo las seis medidas concretas con que, a su juicio, se debe combatir la desigualdad y la concentración económica en el país.
Por: Felipe Lamarca

He planeado la necesidad de corregir el modelo. Creo que éste es un tema valórico. Es tomar una definición respecto al tipo de sociedad y valores que queremos, de cómo deseamos vivir y relacionarnos.

La democracia en lo económico es el mercado. Allí cada persona, con sus recursos, representa sus votos. Chile, al igual que el mundo, adoptó este sistema. Y hasta el momento no hemos encontrado uno mejor para organizar y administrar el quehacer económico. La esencia del sistema es la competencia.

El mercado es responsable de que nos haya ido bien, de que hayamos crecido. Pero paralelamente en los últimos 15 años, después de la caída del muro de Berlín, cuando la globalización empieza a ser tangible, surge un nuevo fenómeno: el crecimiento del comercio y el avance de la ciencia posibilitan que podamos producir muchas cosas a bajo costo. Eso derivó en que la actividad productiva se fuera concentrando. Para producir a gran escala, las empresas se han tenido que ir concentrando. Chile no es una isla, y no ha sido ajeno a ese fenómeno.

¿Cuáles son los efectos de la concentración? Primero, se restringe fuertemente la competencia y sus virtudes. Y segundo, se dificulta el empleo. Recientemente se publicó que el 1% de las empresas tenían el 80% de la ventas, y que las Pymes daban el 80% del empleo. Tenemos entonces consumidores con más miedo y menos dinero. Ambas cosas no son buenos síntomas. Hoy nos encontramos con una actividad económica muy concentrada, donde los poderes son muy grandes: el poder de un productor grande contra uno chico, el poder de una empresa contra los consumidores, y de ésta con los proveedores, los trabajadores y los contratistas.

Pero como el mundo no lo podemos cambiar -al menos no por decreto-, la concentración llegó para quedarse. Más aún, necesitamos empresas grandes para competir en el mercado mundial, para jugar bien de visita y bien de local cuando nos vengan a competir acá. Eso no lo podemos cambiar.

Lo que tenemos que buscar es una cultura, una legislación, una manera de hacer las cosas que tienda a aminorar o esterilizar parte de estos grandes poderes. ¿Qué correcciones le ponemos hacer al modelo para que éste funcione lo más cerca de un mercado competitivo?. Hay algunas propuestas que me interesa plantear.

1.- El tribunal de la libre competencia

Esta institución acaba de ser remozada, y por cierto que su labor es muy importante. ¿Qué podríamos pedirle al tribunal de la libre competencia?

Primero, que tenga una análisis muy riguroso de todos los casos que se le presentan. Las fusiones van a seguir existiendo. El tribunal debería analizar todos los posibles impactos competitivos de una fusión o adquisición. Tal como hay estudios de impacto ambiental, debería haber estudios de impacto competitivo, y que sean muy acuciosos. Ese análisis debería examinar qué pasa con los consumidores cuando hay una fusión, qué pasa con el resto de los productores, qué pasa con en ese mercado, qué pasa en otros mercados. Lo que uno ve en algunas situaciones del pasado es que hubo fallos, pero éstos no se cumplieron exactamente como estaba previsto.

Segundo, debe haber un seguimiento en el tiempo de si se están cumpliendo o no las resoluciones del tribunal y ver si han cambiado o no las condiciones de mercado. Se podía dar el caso de que una fusión se autoriza en un mercado donde hay tres o cuatro competidores, pero ¿qué pasa si a los pocos años uno de los competidores quebró? En conclusión, tiene que haber por parte del tribunal un seguimiento en el tiempo. Hay que estar vigilante, porque quizás surgen nuevas situaciones que hay que examinar.
Además, en la medida que se pueda, debería haber un compromiso por parte de las empresas fusionadas respecto a cómo van a ser las futuras políticas comerciales, cómo será el trato con los proveedores, etc. De nuevo: tal como en el medio ambiente, aquí tiene que haber compromisos.

Por último, es importante definir en este ámbito algo que podríamos llamar “cláusula de retiro”. Cuando dos compañías se fusionan o una es adquirida por otra, ¿qué pasa con los clientes respecto de sus compromisos? ¿Quedan éstos en libertad de acción? Ese es un tema que deberíamos resolver. En el caso de las sociedades anónimas, cuando ellas se fusionan, los accionistas que no están de acuerdo tienen derecho a retiro. ¿Qué pasa con los consumidores? En otras palabras, si me cambian la contraparte, ¿estoy obligado a cumplir mi contrato? Y la misma pregunta se aplica a proveedores y contratistas.

2.- El Servicio Nacional del Consumidor

El Sernac debería ser un ente con mayor relevancia de la que hoy tiene. Servicios de gran relevancia hay muchos: el Servicio de Impuestos Internos, la Super-intendencia de Valores y Seguros, la Dirección del Trabajo son algunos ejemplos. El Servicio Nacional del Consumidor tiene que ser de primera importancia, porque el tema que tiene entre sus manos es uno prioritario para la sociedad chilena. Tiene que ser un organismo potente, muy ágil, con recursos, muy activo haciendo investigaciones de mercado. Tiene que estar vigilante y actuante, para defender la competencia, y por esa vía defender al consumidor. Y tiene también que proveer de mucha información. ¿Saben los consumidores cuáles son sus derechos y deberes? ¿Saben qué hacer cuando son afectados? ¿Dónde ir si tienen un problema? Además, este organismo debe velar porque las promesas de la publicidad se cumplan.

En pocas palabras, el Servicio Nacional del Consumidor tiene que ser uno de los buques insignia de la flota. Claro, se dirá que en otros países la defensa de los consumidores parte de éstos mismos, quienes se organizan para hacer valer sus derechos. Por eso, en el caso de Chile, este servicio tiene que promover organizaciones independientes de consumidores.

Un segundo elemento importante en esta área debería apuntar a un cambio en cómo se entienden los derechos del consumidor. Cuando hoy una empresa se equivoca en la cuenta de algún servicio público, todo el peso de prueba lo tiene el consumidor. El error lo cometió la empresa, pero el peso de las pruebas lo tiene el cliente. Y si se quiere hacer un reclamo, hay que llevar las boletas anteriores, pasar por innumerables oficinas, y hasta es posible terminar en Dicom. En resumen, pérdida de tiempo, de recursos y de plata. Entonces, el error es de la empresa y los costos los paga el consumidor. La pregunta clave aquí es: ¿qué es más fácil, comprar algo o devolverlo? La respuesta es obvia: cuando uno compra un servicio, es todo rápido; cuando quieres salirte, todo es un drama y burocracia.

Obviamente, todo esto tiene que funcionar en dos direcciones: también hay consumidores que engañan a las empresas, y eso tiene que ser castigado.

3.- Auditoría en el sector público

El problema no está sólo en el sector privado. En el sector público hay discriminación, abusos de poder. ¿Qué hacer?

Primero, es indispensable que en la administración pública los cargos se llenen por concurso, con criterios objetivos de selección, lo que también debería correr para el sector privado, donde no debería haber discriminación en la contratación de personal. Cuando en Estados Unidos alguien presenta su currículum, nadie pone su foto. Estoy seguro que esa tendencia también llegará a Chile.

Segundo, el sector público ha sido un maestro en generar toda la legislación y normativa necesarias para controlar las platas privadas. Las empresas tienen que preparar FECUs trimestrales, presentar memorias, e informar cuánto ganan los directores y los ejecutivos, por nombrar algunos requisitos. Si eso es así en el sector privado, ¿por qué no aplicar el mismo criterio para controlar las platas públicas? Necesitamos transparencia absoluta. Si el sector privado tienen auditores, ¿por qué no los tiene el sector público? La Contraloría es buena en la parte jurídica. Pero creo que no lo es tanto en términos de auditoría financiera. ¿No sería bueno que auditores privados controlaran a los sectores públicos, con estándares internacionales? ¿Sabe alguien en qué se gastan las platas de su municipalidad? ¿Le llega a usted una memoria de su municipio? Si a las platas privadas les exigen que se desvistan, por qué no a las platas públicas.

Por otra parte, los fiscalizadores -como superintendentes o jefes de servicio- deberían ser independientes, propuestos por el Presidente de la República y aprobados por el Senado. Ellos deberían durar un período fijo y predeterminado en sus cargos, y estar inhabilitados para involucrarse en política por algunos años -podrían ser cinco, por ejemplo- después de ejercer sus cargos. De lo contrario, caemos en el riesgo de la denuncia fácil para atraer votos.

4.-Redistribución municipal y regionalización

Es cierto que hay un grado de redistribución entre las municipalidades ricas y pobres. Pero creo que es insuficiente. Todavía veo municipalidades muy ricas, en comunas donde la gente no necesita tanto, y en cambio municipalidades paupérrimas en comunas donde la gente lo necesita todo. Hay que ir a un sistema distinto, donde la redistribución sea mayor.

Desde el punto de vista de la eficiencia, hay que regionalizar un poco más, que los responsables de solucionar los problemas a través de distintos organismos públicos estén más cerca de la gente.

Por último, así como hay grandes poderes empresariales, también hay grandes poderes en las organizaciones sindicales y gremiales a nivel nacional. Hay muchas áreas en las que se avanza poco debido al poder que tienen los sindicatos y organismos gremiales.

5.- Incentivos para emprendedores

En cuanto a los impuestos, hoy la carga tributaria está cercana al 20% del PIB. Creo que ése es el límite razonable.

Aun así, aquí hay dos temas importantes que se podrían abordar en esta área. Primero, se podrían hacer aún más simples los impuestos. Para los medianos y pequeños empresarios, el costo de llevar una contabilidad muy detallada es alto.

Segundo, tenemos el problema de que a un profesional le cuesta mucho ir formando algún capital, porque en la medida que aumentan sus ingresos, aumentan mucho los impuestos, y fácilmente se ve pagando la tasa del 40% . Si queremos promover a los empresarios pequeños y medianos, ése es un tema que revisaría. No quiero que la grandes empresas paguen más. Pero tampoco puede ser que para pagar menos impuestos la gente tenga que meterse en sociedades, tomar contadores y asumir costos que al final son ineficientes para la sociedad.

6.- Cambio en la conducta social

Está claro que cada compañía debe tener libertad para actuar, pero sus actuaciones deberían ser justas, coherentes, consecuentes. Tiene que haber una transparencia que impida discriminar. Yo no propongo coartar la libertad. Lo único que pido, dentro de la libertad de las empresas y los agentes económicos, es que en sus decisiones éstos apliquen una sola línea.

¿Qué quiero decir con esto? Que haya criterios objetivos en todo lo relacionado con pagos, contratos, compra de insumos. Se necesitan parámetros definidos que gobiernen la relación de la empresa con sus proveedores, consumidores y contratistas.

En esta tarea tienen un rol los medios, el sector público, el sector privado. Así como hoy estamos todos preocupados del tema medioambiental, y las empresas publican una memoria medioambiental, aquí se necesita una conducta de negocios objetiva, clara y transparente, donde se apliquen los mismos patrones para todos. Tenemos que trabajar ese tema: ¿cómo soy yo, como empresario, respecto a mis competidores, respecto a mis proveedores, respecto a mis consumidores?

Los norteamericanos juzgan bastante en conciencia y tienen un sentido muy fuerte de la jurisprudencia. Tenemos que ver cómo incorporar algunos de esos elementos en Chile. Es claro que este cambio va a tomar varios años, pero nunca es tarde para empezar. Quiero que la empresa sea reconocida porque sus clientes, proveedores, sus trabajadores sienten que los tratan bien.

En definitiva, se necesita corregir el modelo. Puede haber distintas recetas y caminos. Lo importante es abrir el debate, escuchar todas las opiniones y avanzar en la dirección de un sistema de mercado menos desigual y con límites más claros respecto a los grandes poderes.

Noticias Octubre 21, 2005

Otra mirada a la desigualdad

poder
Otra mirada a la desigualdad
porCésar Barros

Recojo la riquísima veta de discusión que ha propuesto Felipe Lamarca, pero creo que el problema central no es la desigualdad -que se ha ido estrechando con la educación- sino que estamos formando jóvenes para que sean empleados y no empresarios. Si no hacemos algo, nos llenaremos de obreros sobrecapacitados, frustrados y amargados.

La última comida de ex alumnos del Verbo Divino estuvo -como siempre- extraordinaria. Aunque tuve que pedirle perdón a Juan Eduardo Infante, por decir en una columna anterior en Qué Pasa, “que el curso C era como inexistente???”. Aparte de la presencia de nuestro ex compañero Sebastián Piñera (que demostró su popularidad entre las generaciones jóvenes), la entrevista a otro ex alumno destacado en La Tercera -el domingo pasado- acaparó buena parte de las “conversaciones serias” de la noche.

La verdad es que los pensamientos de Felipe Lamarca sobre nuestro modelo de desarrollo no son nuevos, y los viene perfilando desde mucho antes de su salida de Copec. Los ha planteado en sus columnas en La Tercera, en diálogos públicos junto a su señora -quien tiene puntos de vista aún más provocadores- y, para qué decir, en conversaciones privadas.

Felipe Lamarca plantea en su entrevista dos preocupaciones centrales: la creciente desigualdad del poder económico que surge con la desaparición de empresas medianas y grandes a manos de los “mamuts” empresariales, y la desagradable desigualdad en la distribución del ingreso, que se podría ver acentuada por la influencia de la concentración empresarial.

Los dos temas están más unidos de lo que se podría creer a simple vista, y me gustaría profundizar sobre ellos.

La diferencia se estrecha

La pura distribución del ingreso -si uno toma la perspectiva correcta- se debiera corregir en el tiempo en forma casi inexorable: el estudio del investigador Claudio Sapelli de la PUC señala -correctamente- que lo lógico es mirar las distribuciones del ingreso dentro de cada generación, para así poder ver con claridad cuál es la tendencia general.

Los resultados no son malos, para satisfacción de la gente de la Concertación que cree haber tenido un triste récord, y para desmayo de los obispos escandalizados y del colorín Zaldívar (que parece no tener ni ecuaciones ni incógnitas en sus planteamientos a este respecto). En efecto: la distribución del ingreso entre los nacidos -digamos- en 1944, cuando la escolaridad promedio era de cuatro años, en que menos del 5% iba a la universidad y que menos del 20% terminaba los estudios secundarios, es infinitamente peor que la de la generación nacida en 1980, con índices de escolaridad básica, secundaria y universitaria muy superiores. Y la de los nacidos en 2000 será a su vez muchísimo más igualitaria que la de los nacidos en 1980.

Cuando yo entré a trabajar al Banco del Trabajo en 1979 (y Felipe Lamarca era subdirector del SII), mi sueldo de profesional joven era 12 veces el de un júnior del mismo banco. Y cuando ya tuve experiencia, y mi sueldo subió, llegó a ser como 20 veces el sueldo de un júnior de mi misma edad.

Hoy, un joven egresado de Ingeniería Comercial difícilmente puede aspirar a ganar más de tres veces el sueldo de un junior de su edad y cuando ascienda en un par de años, la diferencia será a lo más de cuatro veces: casi en línea con las cifras observadas en países igualitarios, y mejor que la observada en los EE.UU.

La educación masiva -primero básica, luego secundaria, ahora último universitaria, y a futuro preescolar- ha dado sus frutos. Pero sólo se nota en el margen, y muy poco en el agregado total. Esto, sin ni siquiera considerar las transferencias directas e indirectas del Estado. Así que todos los que contribuyeron a estos cambios, desde el gobierno militar hasta la Concertación, debieran sentirse tranquilos y orgullosos de la labor común realizada por la igualdad, comprobándose una vez más aquello de que “la izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”.

Como taxistas cubanos

Pero esto no basta; igual estamos formando jóvenes destinados a ser empleados -buenos empleados- de grandes corporaciones, cuyo número cada día es menor -por la mayor concentración- y que día a día emplean menos gente.

Les estamos entregando capital humano, pero ¿para qué? ¿Para que sean buenos empleados de las cada vez menos empresas y multinacionales? ¿Para que esas enormes compañías puedan tener cada día mayor oferta de mejores profesionales a menor costo para ellas?

Seamos francos: en Chile, el empleo lo dan -mayoritariamente- las Pymes y no las grandes empresas. Las nuevas generaciones de técnicos y de universitarios que se nos vienen encima no podrán ser absorbidas sólo por las grandes empresas. Y si no hacemos algo, estaremos formando obreros sobrecapacitados, frustrados y amargados: como los médicos cubanos, que ganan más como taxistas nocturnos ¡Maravillas del socialismo real!

A estas nuevas generaciones hay que entregarles además de una buena educación, las herramientas necesarias para que sean empresarios exitosos, y no solamente empleados, como lo hemos venido haciendo desde que tengo recuerdo.

Y esas herramientas son: espíritu empresarial que, entre otras cosas, implica la valorización de la labor empresarial a nivel de la imaginación popular, enseñada e imbuida desde la escuela básica (aquello de “momio ladrón al paredón” aún suena terriblemente popular en Chile). Y adicionalmente, capital financiero para echar a andar esta legión de potenciales empresarios.

Lo que no puede ser es que los miles y miles de egresados universitarios que vamos a recibir, y que deseen formar una empresa, que tengan ideas valiosas, y que las quieran llevar a cabo por cuenta propia, carezcan de medios financieros para hacerlo.

La creación de nuevas empresas exitosas es la base para una mejor competencia con los grandes conglomerados: la papelera también fue alguna vez una Pyme, al igual que Microsoft (Ross Perot rechazó una oferta de Bill Gates para venderle el 30% de Microsoft en US$ 10 millones, una de las decisiones empresariales más estúpidas de la historia). Menos mal que sus dueños no se las vendieron a nadie. Y seguro que ofertas no les faltaron.

Y esto no lo vamos a lograr mientras el mercado de capitales chileno sea incapaz de financiar, no a las grandes empresas -que para eso tienen abierta la ancha puerta del mundo financiero global- sino a la creatividad de la juventud que ahora con buena formación profesional va a irrumpir en el mercado en unos años más (muy pocos más por cierto).

Hoy, para un egresado de Ingeniería Comercial, Civil o Industrial, es tan difícil obtener financiamiento para un nuevo proyecto propio, como lo era hasta hace unos años para un estudiante pobre, pero talentoso, pagarse la educación universitaria.

El joven egresado de la universidad se va a topar con que, si es empleado de una gran empresa, tiene crédito de consumo, casa propia pagadera a 40 años, isapre y APV. Es la forma indirecta del mercado de capitales para trabajar -una vez más- con las grandes empresas: financiando esta vez a sus profesionales. Pero si ese joven decide ser empresario, el camino para financiar su nuevo emprendimiento será muy duro, como lo será también -como buena Pyme- para financiar el auto o la casa: no hay dónde equivocarse. El costo alternativo de ser empresario es demasiado alto. Y comprensiblemente, la mayoría prefiere ser empleado.

¿No es entendible que los dueños de pequeñas cadenas de retail, agobiados en sus costos financieros y restringidos en sus volúmenes de crédito para crecer y modernizarse, al final “tiren la toalla” y se rindan frente a las grandes cadenas, que financian la compra de competidores con créditos baratos de nuestro sofisticado y global mercado de capitales? ¿Esta es la sociedad de empresarios que queremos formar? ¿Cuál es el incentivo social para crecer y perdurar como empresario?

Empleados más que empresarios

Y como cuesta tanto partir de cero, y cuesta tanto ser primero micropyme y luego Pyme, así -como tan bien lo describió Felipe Lamarca en La Tercera- vamos teniendo sólo dos o tres compradores de leche, uno o dos compradores de maíz, tres o cuatro grandes compradores de vino, y tres retailers, que deben encontrar facilísimo cargarles la mano a sus proveedores, salvo que éstos sean, a su vez, grandes multinacionales.

Y este resultado es una culpa colectiva: de quienes desprestigian la figura empresarial; de quienes sobrerregulan el empleo y los impuestos para las empresas nacientes; y también del país como un todo, que ha preferido formar una sociedad de empleados, en vez de una de emprendedores, a pesar de todo el cacareo en contrario.

Perdónenme la pasión en este tema: es que cuesta tanto hacer empresa en Chile. Y eso que uno tiene contactos, amigos y experiencia. Las ideas nuevas en este país se topan, en forma constante, con el escepticismo público y del propio empresariado establecido. Y eso es gravísimo: porque hacer empresa requiere de una dosis de entusiasmo infinita.

Porque un empresario no es empresario si no ha metido las patas bien metidas, o sea, tiene que haber pasado necesariamente por una quiebra o cuasi quiebra en su vida: si no, no es un empresario de verdad. Como no hay banquero que se precie de tal que no haya enfrentado un crédito malo. Y eso hay que asumirlo: no podemos aspirar a tener empresarios sin asumir también -como parte del modelo- que muchos van a hacerlo mal varias veces. Lo demás es utópico. De lo contrario, sólo vamos a permitir en la sociedad a empresas ya consolidadas y fuertes. Pero de nuevos empresarios, ¡¡¡ nada!!!

Recojo entonces la riquísima veta de discusión que ha propuesto para Chile Felipe Lamarca: pero le agrego la necesidad de no sólo educar, sino también financiar a los empresarios nuevos, a los pequeños y a los medianos, a fin de que no caigan en la tentación de venderle a las empresas más grandes, y así se preserve la competencia sana y justa. Que formemos un país de empresarios y no un país de empleados que necesariamente son ciudadanos menos libres que los que no tienen por qué responderles a sus patrones o empleadores. Que no tienen por qué medir sus palabras ni sus opiniones. Que no tienen por qué andar pidiendo permiso ni para las vacaciones ni para ir al baño cuando lo necesitan.

Y para eso se requiere de un mercado de capitales enfocado a los nuevos empresarios y a las Pymes, más que a las grandes empresas y a las multinacionales. Y de una cultura proempresarial en las nuevas generaciones de chilenos. Y, por supuesto, de una institucionalidad que preserve la competencia y el buen desenvolvimiento de todos los actores del mercado, y no sólo de los más fuertes.