TV Celular

Un artículo acerca de lo que viene en la Tv y los celulares es un aporte a comprender cómo evoluciona la “era digital”, continúa cambiando nuestras prácticas sociales y de consumo, y cómo nacen nuevos negocios.

Quépasa
Mi televisor es un celular

En Oriente es furor: series de TV se transmiten vía teléfono portátil. Cautivan a masas, sobre todo de jóvenes. En Occidente la tendencia recién se expande.

Por Ángel Jiménez de Luis

Hace apenas unas semanas hablamos del congreso de telefonía 3GSM de Barcelona, la cita más importante del mundo del celular. En menos de diez días esta cita tendrá su respuesta desde Estados Unidos con el congreso CTIA Wireless, que se celebrará en la ciudad de Orlando.

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Uno de los temas que se espera que este año despunten durante la cita es el de la televisión y el video en el móvil. Leen ustedes a un escéptico en el tema. La televisión está muy bien en la sala, donde uno se puede tumbar en el sillón y disfrutar tranquilamente de un partido, una película o un documental, pero ¿en un teléfono?

Sin embargo, hay estudios que sugieren que podría tener sentido, en especial entre la gente que realiza largos trayectos de la casa hasta el trabajo, por ejemplo, o durante un partido importante si no podemos estar en casa o en el bar.

Hay dos formas de enfrentarse a la cuestión. Los operadores pueden optar por un sistema de emisión similar al de la televisión tradicional, en el que un único emisor utiliza el espectro electromagnético y el teléfono lleva incorporado un receptor. Es la arquitectura perfecta cuando muchas personas quieren ver un programa de forma simultánea, ya que no sobrecarga la red.

En Europa está implantándose de forma muy tímida una versión de este sistema, que responde al nombre de DVB-H. Hay pruebas piloto en varios países y servicios comerciales en algunas ciudades del norte del continente.

Otra forma, sin embargo, es utilizar la red celular para enviar la televisión como datos, algo similar a ver videos por internet, pero en el mundo de la telefonía.

Esta aproximación tiene bastante sentido porque las audiencias de televisión en el móvil no son muy grandes, están muy fragmentadas, y sólo descargan contenido durante un tiempo muy limitado.

Las posibilidades con esta arquitectura de contenidos son ilimitadas. En Asia triunfan series para telefonía móvil a las que los jóvenes viven completamente enganchados. Cada día corren a su teléfono para descargar el último episodio camino del colegio.

En el resto del mundo tenemos programas de cocina, documentales, resúmenes de las mejores jugadas de un deporte o pequeños boletines de noticias.

Los operadores aseguran que muchos utilizan estos servicios, pero estamos muy lejos de las cifras de fidelización que hay en países como Japón o Corea, donde este tipo de comunicación se consume, por término medio, durante más de 30 minutos. Hay además una gran cantidad de promociones y acciones de marketing y publicidad que permiten a los usuarios descargar en forma gratuita videos, juegos y música.

Los operadores quieren repetir el modelo asiático en el resto del mundo. Es comprensible. Mientras que en Occidente aún utilizamos el celular para llamar por teléfono y enviar mensajes por correo electrónico, en Oriente se ha convertido en una nueva plataforma con la que se experimentan todo tipo de usos: desde servicios de pago, hasta mecanismos de apertura de puertas e identificación con el teléfono.

Es además un medio que compite con la radio o la TV en número de espectadores, con generosos y cada vez más crecientes beneficios en publicidad.

El problema, claro está, es el precio que tendremos que pagar para tener esas mismas ventajas.

Para la televisión, los operadores ofrecen a menudo tarifas planas de acceso al contenido, o pagos muy pequeños por videos de pocos minutos.

Los occidentales, sin embargo, no tenemos la misma predisposición a la hora de pagar por servicios que los japoneses o los coreanos. Las experiencias piloto en Finlandia, por ejemplo, sugirieron que los usuarios estarían dispuestos a pagar hasta 13 euros ($9.100 chilenos) por ver una docena de canales en la pantalla del móvil. En España el precio tuvo que reducirse a 6 euros ($4.200).

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