Mario Valdivia, en su blog Recuperando Libertad, escribe un artículo que ayuda mucho a pacificar el alma.

Si no olvidamos nuestra muerte segura, nuestra vida se nos hace presente desde la ansiedad por darle sentido. Es fácil olvidar esto porque tomamos los sentidos sociales existentes como algo serio y nos dejamos afanar por ellos, como si viviéramos la vida de los demás, de todos y de nadie. Nos tranquilizamos con una falsa conciencia. Pero si nos mantenemos en el recuerdo que al final nos espera el futuro cierto de nuestro propio fin individual, nos confrontamos con la ansiedad por dotar de sentido a nuestra vida y construir una identidad significativa; y estamos siempre en contacto con el hecho de que este es un invento que no nos es permitido eludir. Y somos nosotros mismos los únicos testigos convincentes de la consistencia con que nuestros actos lo llevan a cabo.

Y, de pronto, en medio de este esfuerzo por inventarnos un significado desde la nada, nos posee el miedo por lo que los demás puedan pensar de nosotros. Como si su opinión pudiera tranquilizar nuestra ansiedad constitutiva intransferible. Al chamullar descomprometidamente deliramos que podemos proteger ante los demás una identidad en la que nosotros no creemos. El chamullo es, al final, un encubrimiento de nosotros mismos.

Dicho esto ante la audiencia de si propio, el endemoniado voló hacia el vacío de la noche en las afueras sin luces del sur del pueblo para ver las estrellas. Por un instante, con el alma en vilo, percibió girar al universo en total silencio como una gigantesca rueda de cristal suspendida sobre su cabeza.