Artículos de la categoría

Coaching

Noticias Diciembre 2, 2005

Joaquín Estefanía

Joaquín Estefanía me ayudó a comprender la otra cara de la globalización, con una visión más equilibrada entre los optimistas ???ingenuos??? defensores de la globalización y la caricatura de los ???anti-globalización??? que emergen violentamente cada vez que los presidentes de los países más ricos se reúnen en algún lugar del mundo. Con Estefanía entendí que hay mucho trabajo y desarrollo intelectual, político y técnico en grupos alternativos en el mundo y que la oposición no es a la globalización simplemente ???lo que a estas alturas sería inútil- sino que se busca lo que el llama ???democratizar??? la globalización, darle estatutos jurídicos de regulaciones y protección a los ciudadanos y del medio ambiente, para lo cual existen alternativas de grupos y propuestas. Una muestra interesante de estas propuestas también las presenta Fritjof Capra en su libro Conexiones Ocultas (Anagrama 2004).

Joaquín Estefanía (Madrid, 1951): es licenciado en Ciencias Económicas y Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su actividad profesional en el diario Informaciones, la revista Cuadernos para el Diálogo y el diario económico Cinco Días antes de incorporarse a El País, en el que ha ocupado diferentes cargos, entre los que se encuentra el de director. Es autor, entre otros títulos, de La nueva economía (1995), La nueva economía: la globalización (1996), El capitalismo (1997), Contra el pensamiento único (1998), Aquí no puede ocurrir: el nuevo espíritu del capitalismo (2000) y El poder en el mundo (2000).

1. Artículos en blog de Firgoa
2. Cómo enfrentarse a la economía actual
3. Los siete pecados capitales de América Latina
4. El dinero de los inmigrantes
5. La contrarreforma de los sistemas de bienestar aumentará la desigualdad.
6. La larga marcha
7. La cara oculta de la prosperidad
8. Libros Taurus

Noticias Noviembre 30, 2005

Mercado Organico

Las exportaciones y la nueva cultura

La creciente demanda por productos orgánicos, en alza en Estados Unidos, Europa y Japón, ilustra que, en breve, nuestros productos tendrán obligatoriamente que emplear menos químicos y ser más sanos, o de lo contrario comenzarán a perder atractivo afuera y también, por qué no, entre consumidores chilenos más exigentes.

Roberto Ampuero

Hasta hace poco yo miraba con optimismo y orgullo la presencia de productos chilenos en los supermercados norteamericanos, sin embargo ahora me inquieta su notoria ausencia en las secciones de productos orgánicos, las que no dejan de ampliarse en Estados Unidos. Días atrás, después de ver en supermercados bananos orgánicos del Perú y café orgánico de Guatemala, en otro un cartel llamó mi atención: informaba que la uva chilena es una de las que contienen mayor cantidad de pesticidas en el planeta. Ante el aumento de la conciencia por la comida sana y la demanda de alimentos orgánicos en el mundo industrial, conviene preguntarse si los productores chilenos, los políticos y el gobierno están plenamente enterados de este cambio de mentalidad y de las consecuencias que implica ignorarlos.

Los tratados de libre comercio resultan favorables para el país no sólo, como subrayan algunos, porque abren mercados de otro modo inalcanzables, sino también porque -bien negociados- permiten que loables exigencias usuales en países industriales, como aquellas relacionadas con la vida laboral, el medio ambiente, la sustentabilidad, la calidad de productos o el trato de animales, puedan filtrarse hacia Chile gracias a la presión de consumidores del Norte sensibilizados con estos temas. La creciente demanda por productos orgánicos, en alza en Estados Unidos, Europa y Japón, ilustra lo que digo: en breve nuestros productos tendrán obligatoriamente que emplear menos químicos y ser más sanos, o de lo contrario comenzarán a perder atractivo afuera y también, por qué no, entre consumidores chilenos más exigentes.

Otra cultura

Aunque sigue en debate la definición, orgánicos son aquellos frutos producidos sin pesticidas artificiales, herbicidas ni organismos genéticamente modificados, y que en Estados Unidos, la Unión Europea o Japón necesitan una certificación estricta, que castiga con severidad a quienes usan la etiqueta sin cumplir con las normas de producción. Se estima que la cáscara de una manzana no orgánica contiene en término medio 25 venenos artificiales y 50% menos vitaminas, enzimas y micronutrientes que una orgánica. En verdad, la tajada del mercado crece sin cesar: si en 1980 la venta de productos y bebidas orgánicas en Estados Unidos ascendía a menos de dos mil millones de dólares, este año llegaría a 20 mil millones. Y eso no es todo: ser gordo y consumir productos no orgánicos se ve crecientemente como sinónimo de pobreza o escaso nivel cultural, ya que los productos mencionados son más caros, pero más sanos. Si hasta hace poco ellos sólo se encontraban en tiendas especializadas, hoy la mayoría de los más de 11.500 megamercados de Estados Unidos cuentan con departamentos dedicados a frutas, verduras, jugos, vinos, jabones, cremas, champús y fibras de carácter orgánico. Se estima que el segmento seguirá creciendo, pues la conciencia por la alimentación sana se expresará también en los sistemas de alimentación escolar, hospitalaria, universitaria, de empresas con personal especializado y restaurantes sofisticados. Estados Unidos, al que muchos asocian con obesos devoradores de comida chatarra, es hoy el principal consumidor de productos orgánicos del mundo y líder en esta materia en el Norte.

Pero los cambios no sólo se están produciendo en relación con productos agrícolas, sino también con las carnes. Y aquí se ve una campaña interesante: los consumidores orgánicos, cada vez más influyentes en un país en donde las mascotas comparten el techo con sus dueños, están denunciando con éxito las condiciones en que viven y se sacrifica a los animales destinados al consumo humano. Aumentan las denuncias sobre gallinas, pollos y pavos que pasan toda su vida inmovilizados en jaulas, sometidos a luz constante para que coman más, y a las cuales se les corta sin anestesia el pico y se sacrifica dejándolas desangrar para meterlas vivas en agua hirviendo con el fin de desplumarlas fácilmente. Con respecto a los vacunos y porcinos, los críticos denuncian que son alimentados con harina de carne de otros animales y que jamás salen de sus celdas, donde no pueden moverse, fuera de que reciben hormonas para el crecimiento, que se trasladan al consumidor, y son sacrificados de modo impropio en una sociedad civilizada. Muchos alegan que estas aves y animales son inteligentes como los perros y gatos, y que en Estados Unidos, donde está penalizado el abuso de mascotas, debiera prohibirse el maltrato a cualquier animal. Estudios muestran que aumenta la influencia del consumidor denominado Lohas, el de mayor peso en el mercado orgánico, que cree en la interconexión entre economías y culturas del globo, sistemas ecológicos y políticos, y entre mente, cuerpo y espíritu. Ese consumidor rechaza, además, la forma en que son tratados los animales en criaderos y mataderos, y exige, aunque suene contradictorio, certificado de buen trato a los animales que consume. Esto implica que el animal sea alimentado de forma orgánica, goce de una existencia “ideal” y sea sacrificado sin causarle dolor, todo lo cual incide al final en la salud del consumidor.

Es evidente que la globalización coloca al país frente a sensibilidades culturales diferentes a las nuestras, que exigen reacciones adecuadas. El fenómeno muestra al mismo tiempo la vinculación entre economía y cultura, eficiencia y valores, cálculo y ética, y prueba que una visión estrictamente económica, ajena a los paradigmas culturales, que aun confunda la educación moderna con aprender a leer y sumar, conduce a un callejón sin salida. Es una situación delicada para un país como el nuestro, que en los últimos 25 años ha proyectado afuera una imagen de modelo económico exportador huérfano de la cultura nacional y su gente, olvidando que cuando escogemos productos italianos o franceses lo hacemos pensando asimismo en las culturas de donde proceden.

Costumbre creceinte

Quien crea que las demandas del consumidor orgánico son modas pasajeras, se limitan a una minoría ecologista o nunca serán mayoritarias ni obligatorias en el mundo industrial, se equivoca, pues ellas van encontrando creciente acogida en capas medias y altas, y constituyen un nicho donde se refugia con éxito cierta producción de países desarrollados, más cara que la del sur. Hasta hace poco nadie hubiese imaginado que las mayores cadenas de hamburgers del mundo evitarían hoy cifras rojas vendiendo ensaladas de verdura o fruta, ni imaginado que los alemanes incorporarían a su Constitución el 2002 la protección a los animales. Es sintomático que temas que a veces políticos de países en desarrollo incluyen sólo vagamente en la legislación por presiones internas -como derechos laborales, medio ambiente, calidad de productos o trato a animales-, terminan siendo regulados, a veces para mejor, por consumidores del hemisferio norte sensibles a esas materias. Por lo pronto, en la sección de orgánicos de los supermercados norteamericanos que frecuento, los productos chilenos me siguen inquietando por su ausencia.

Noticias Noviembre 28, 2005

Cornel West

Cornel West

El más excéntrico de los filósofos estadounidenses

Cornel West es el filósofo de color más importante de su generación y también el más polémico. Además de sus clases en la Universidad de Princeton, escribe best sellers, rapea y asiste a cumbres de hip hop. Incluso participó en “The Matrix”. La celebración del Día de la Filosofía, el jueves pasado, lo trajo por primera vez a Chile. Aquí explica por qué se considera un “blues man” en el mundo de las ideas.

Por: Josefina Ríos
Fotos: Mabel Maldonado

Cornel West (52), según se comenta en los círculos académicos norteamericanos, es hoy el más prominente de los filósofos de color de Estados Unidos. Pero el hombre esconde mucho más. Porque aunque es el flamante director del Programa de Estudios Afroamericanos y de Religión de la prestigiosa universidad de Princeton, West está lejos de aquella figura seria y contenida que caracteriza a los intelectuales. El contestador telefónico de su oficina da la primera pista: allí, su voz al ritmo del rap invita a permanecer “cool” y a dejar un mensaje después de recibir una bendición. Su pelo al estilo Jackson Five crontrasta con su siempre impecable traje negro, y su acento fuerte y marginal transportan inmediatamente a sus orígenes en un típico vecindario de la California negra.

Hay que dejar claro, eso sí, que West no llama la atención sólo por sus formas. El contenido de sus ideas, que expresa con lengua filosa, remece dentro de la sociedad norteamericana. Ha escrito más de 17 libros. “Race Matters”, el más conocido de ellos, es un best seller con más de 400 mil ejemplares vendidos y más de 12 años en las estanterías. A sus clases en Princeton, se suman más de 100 conferencias anuales por todo el mundo. Y, con la idea de ampliar su público, ha apostado a ser un filósofo que incursiona en el cine y el hip hop. Ya tiene dos CD grabados con lo que él llama “educación bailable” y cameos en los episodios II y III de “The Matrix”, donde encarna a un sabio conocido como el Consejero de Sión y comparte cámara con Keanu Reeves. No por nada Newsweek lo definió como un “profeta elegante y con actitud” y el New York Times lo destacó por su “fiera visión moral”.

Con estos y otros pergaminos, West es, sin duda, el más controvertido y excéntrico de los intelectuales públicos estadounidenses. También uno de los más potentes y escuchados. Estuvo esta semana en Chile para participar en el Día de la Filosofía, organizado por la Unesco y el Mineduc, donde discutió con otros destacados pensadores chilenos y extranjeros sobre democracia, un tema que a él le apasiona y sobre el cual trata su último libro: “Democracy Matters: Winning the Fight Against Imperialism”. Pero a West, que se autoproclama “hombre de jazz en el mundo de las ideas”, las etiquetas no le interesan. Como todo jazzista, está preocupado de improvisar y utilizar todos los medios para comunicar de la mejor forma posible su música, cuyas letras abogan por una sociedad más libre e igualitaria.

Simple, no simplista

El Día de la Filosofía se celebra desde 2003, pero ésta es la primera vez que se organizó fuera de París. Y es la primera vez también que Cornel West puede presentarse en una iniciativa patrocinada por la Unesco. Si bien ya había sido invitado dos veces a dar conferencias frente de la asamblea general de esa organización, insistentes reclamos del gobierno estadounidense -a través de su embajada en la capital francesa- impidieron que éstas se llevaran a cabo. “Estoy agradecido por la amabilidad del gobierno chileno de haberme convidado pese a los reclamos que sé que puso la embajada americana. Sobre todo por lo difícil que es hoy en día llevarle la contra a EE.UU.”, dice.

Si bien en la organización chilena del evento desmienten estas presiones, reconocen que mientras se discutió el encuentro en París, el gobierno de Bush pidió que no hubiese una sobrerrepresentación de tendencias contrarias a su línea. Al parecer, la polémica no se aleja de West ni el fin del mundo. “No puedo negarlo: sin duda, soy el más controversial de los filósofos americanos”, asegura, al tiempo que explica que a Chile lo lleva en su corazón desde el 11 de septiembre de 1973, día que, según él, será recordado como el “más triste para la democracia del continente”.

Contestatario irremediable, desde niño fue rebelde y comprometido con la causa negra. En tercer año de primaria, fue expulsado del colegio por golpear a una profesora luego de que ella lo obligara a repetir dos veces el juramento de lealtad a la bandera de EE.UU. Pero el impulso de sus padres y su innegable inteligencia le permitieron salir adelante. A los 17 años se inscribió en Harvard y en sólo tres años se graduó con honores en Lenguas del Cercano Oriente y Literatura. Asistió luego a Princeton, donde se recibió de filósofo con una tesis sobre la dimensión ética del pensamiento de Marx.

En 1984 comenzó a trabajar en el Departamento de Estudios Americanos de la Universidad de Yale. Tres años después fue despedido: había protagonizado una protesta universitaria contra el apartheid en Sudáfrica, que terminó con West arrestado y encarcelado. Su reconocido nivel intelectual, sin embargo, lo puso de nuevo en un lugar privilegiado del mundo de las ideas, asumiendo en 1989 como director del Programa de Estudios Afroamericanos en Princeton. En 1993, emigró a la afamada universidad de Harvard y ese mismo año publicó “Race Matters” y “Beyond Eurocentrisim and Multiculturalism”, con el cual ganó el premio al Libro del Año en EE.UU.

Cornel West estaba en la cumbre y sus ideas sobre pensiones reparatorias para los familiares de los esclavos estadounidenses, sus descarnadas críticas contra el modelo neoliberal y su apoyo a través de distintos medios audiovisuales a la lucha del pueblo negro lo hacían cada vez más conocido como filósofo y activista. Pero su popularidad no era entonces, ni es hoy, universal. Varios lo han acusado de superficial, mediático y poco serio. ??l se defiende: “Mi primer objetivo es comunicar y poner las cosas de forma clara. Existe una diferencia entre ser simple y ser simplista, y yo creo en hacer las cosas simples, pero eso no significa que sea una filosofía barata”. Además, dice que él entiende activismo y filosofía como un terreno común, donde esta última -más que una carrera- es una forma de vida.

El multifacético

West ha dedicado su vida a la docencia. Además de sus cátedras universitarias, durante 19 años impartió clases a presos y a alumnos de colegios de barrios pobres. Allí, dice, comprendió la importancia de la música, en especial del hip hop. Esta experiencia lo convenció de grabar en el 2001 el disco “Sketches of my Culture”, en un pequeño estudio de Sacramento, con canciones que impulsaran la lucha por la libertad. La aventura fue un éxito total y ya ha vendido más de 14.000 copias, convirtiéndose en la producción de música hablada más vendida desde la década del 60. El segundo, un compact doble titulado “Street Knowledge”, salió hace menos de un año. West asegura que en la calle lo paran a cada rato para felicitarlo por el nuevo CD.

“Soy un hombre negro que está conectado con la batalla por la libertad, especialmente de la gente joven, por lo tanto uso una variedad de distintas formas para llegar a ellos”, afirma West, quien en este intento no ha despreciado la televisión -es un asiduo invitado en el show de Oprah Winfrey-, ni la radio ni el cine. Además, asiste todos los años como invitado a la cumbre de hip hop que se hace en EE.UU., ha trabajado intensamente en los intentos presidenciales de Ralph Naider, del Partido Verde, y del reverendo Sharpton, un activista de color que quiso participar en las elecciones de 2004 y, además, es una de las voces más duras en contra de la administración Bush.

Tanta actividad extracurricular le ha traído gran cantidad de adeptos, pero también importantes detractores. Una de las últimas disputas públicas que tuvo West fue en 2001 con Lawrence Summers, el presidente de Harvard. Summers acusó al filósofo de destinar demasiado tiempo y atención a actividades faranduleras y políticas, en perjuicio de sus responsabilidades académicas. West, sin transar en su estilo, decidió dejar esa casa de estudios. El 2002 volvió a Princeton, convencido de que no debía cambiar su actitud. Tanto, que un año más tarde apareció en los episodios II y III de “The Matrix”, donde los hermanos Washowsky crearon un personaje especialmente para él, inspirados en sus escritos.

West, bisnieto de un esclavo, camina hoy con paso seguro. Convencido de que lo está haciendo bien y de que no le debe nada al sistema. “No es el sistema el que me permite ser lo que soy, es gente trabajadora que ha batallado, ha resistido y se ha rebelado para crear la posibilidad de que yo pueda llegar hasta donde estoy. El sistema sólo se ha interpuesto en el camino. Yo no le doy crédito al modelo americano, yo les respondo a los miles de Cornel West que viven en ghettos para negros, muchos de los cuales están camino a la prisión simplemente porque no tienen oportunidades”.

Noticias Noviembre 20, 2005

Claudio Naranjo

Claudio Naranjo

Claudio Naranjo

El doctor Claudio Naranjo también es un descubrimiento reciente para mi, aunque tiene un prestigio mundial desde hace muchos años. Es uno de los chilenos que han destacado por traer reflexión y descubrimientos acerca de los seres humanos y la mente, que han hecho un aporte a la educación, la convivencia y la vida de las personas. Lo conocí por sus libros en la editorial Cuatro Vientos. En el programa de televisión La Belleza de Pensar tiene una entrevista que ilumina.

1. Wikipedia
2. Yollocalli
3. Fritzgestalt
4. Entrevista: Conciencia sin Fronteras
5. Entrevista: EneagramadelaPersonalidad@groups.msn.com
6. Institut Gestalt

Noticias Noviembre 17, 2005

Educación y Disciplina

Oh tú, madre de todas las virtudes

En Chile, lejos de considerar la disciplina como una virtud “preliminar”, tendemos a equipararla con represión, carencia de creatividad e imposición brutal de reglamentos. Pero la disciplina es la que hace a los genios, a los realizadores, a los que obtienen medallas olímpicas, a quienes terminan lo que empiezan.

Por Fernando Villegas

Se me ha antojado, en esta ocasión, espetar una homilía acerca de la más fundamental de todas las virtudes, único cimiento sobre el cual las demás pueden llegar a apoyarse y desarrollarse: la disciplina. O para decirlo de otro modo: se me ha antojado hacer una descripción de la que en Chile es la más desconocida y menos practicada de las virtudes e incluso ni siquiera considerada como digna de ese nombre.

Permítaseme precisar de qué estamos hablando con la definición que ofrece el Nuevo Diccionario Enciclopédico Espasa Ilustrado:
Disciplina:
1.- Doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral.
2.- Arte, facultad o ciencia.
3.- Observancia de las leyes y ordenamiento de una profesión o instituto.
4.- Instrumento que sirve para azotar.
5.- Acción y efecto de disciplinar.

Obsérvese que, salvo en el punto 4, todas las variantes apuntan a alguna forma de sistemático rigor para alcanzar o desarrollar una acción moral, una ciencia, un arte o una conducta ordenada, esto es, algo que aún no existe o existe imperfectamente.

Con espíritu similar, tres importantes autores la conciben así: “La guerra tanto necesita como genera ciertas virtudes, quizás no las más altas pero que sí pueden llamarse virtudes preliminares, tales como el valor, la veracidad, el espíritu de obediencia y la disciplina”, Walter Bagehot (1826-77) Otra: “El genio, al principio, es apenas algo más que una gran capacidad para recibir disciplina”. George Eliot (1819-80).

Y otra: “En lo que toca a la disciplina, la libertad no equivale a su ausencia, sino a un uso de formas más altas y racionales de aquella”. Charles Horton Cooley (1864-1929).

Como bien puede verse, tanto esas definiciones como los comentarios que hemos desplegado distan años luz del sentimiento propio de nuestro país respecto a la disciplina; en Chile, lejos de pensarla como virtud “preliminar”, tendemos a considerarla como equivalente de la represión, las sanciones, la carencia de creatividad, la marcha a paso de ganso y la imposición brutal de reglamentos. Más aún, en el discurso pedagógicamente correcto del cual finalmente brotan con alguna demora los currículum y las técnicas educativas que forman a las sucesivas generaciones de chilenos, la disciplina tiene, a lo menos, un carácter sospechoso; en verdad, todavía peor, se la suele asociar a la represión de los impulsos, la mutilación de los talentos, la repetición vacía, la memorización y el sometimiento ciego a la autoridad del profesor. Y por si eso fuera poco, en el ideal expreso o tácito de los actuales y progresistas sistemas de enseñanza se pretende ir contra ella o supuestamente superarla incentivando esa serie de vaguedades bien sonantes que se han bautizado como la “formación de personas autónomas”, el “pensamiento creativo” y el “aprender a pensar”.

Colosal fracaso

Me temo que el resultado de semejante papilla de superficiales, todas constitutivas de dicha idílica concepción de la pedagogía, ha sido, es y seguirá siendo un colosal fracaso. No ha hecho sino poner en -aparentemente- legítimos términos la habitual y nociva práctica del facilismo, de ese estilo de mal-hacer o medio-hacer que opera en todos los ámbitos de nuestra sociedad y por tanto, en verdad, no requeriría doctrina ninguna para estimularla. Podemos palpar todos los días que el abandono de las disciplinas escolares clásicas no ha producido generaciones de alumnos más creativos y diligentes, sino aún más ignorantes y perezosos que sus antecesores. La única capacidad desarrollándose entre los chicos de hoy es la de aburrirse, frustrarse y violentarse. Nuestros escolares e incluso universitarios no han aprendido a pensar por el hecho que no se les haya compelido a memorizar; esto último, mal que mal, es un vigorizante ejercicio del intelecto, uno que se encuentra siempre en la biografía de cada eminencia, pero actualmente ha sido dejado de lado en beneficio de una letanía sin significado ni teórico ni práctico llamada “aprender a aprender”.

¿Aprender a aprender? ¿Qué diablos es eso? Se los traduzco: la capacidad de recordar en qué página de Internet se encuentra el tema que en realidad no se ha aprendido para entonces hacer un “copy”, luego un “paste” y después un “print”.

Método, rigor, capacidad

Al contrario de lo que muchos creen, la capacidad de pensar, crear y actuar con excelencia resultan, no de un estado de relajado y caprichoso “let it be” supuestamente creativo, sino de un tenso esfuerzo y concentración operando sobre años de adiestramiento y memorización de los fundamentos de la ciencia o arte en cuestión, de doloroso desarrollo de la musculatura mental y volitiva sobre la base de ejercitaciones y adiestramiento; en suma, de severa disciplina. A fin de cuentas, entonces, la disciplina, esto es, la costumbre sistemática y ya casi automática de orientarse hacia un objeto, es la base de todo logro intelectual, social y por cierto deportivo. No hay actividad que no requiera un método y la capacidad de seguir un método se llama disciplina. De ello se desprende que lejos de ser una subordinación exterior y mecánica, la disciplina refleja un ordenamiento interior del alma, una disposición a usar ordenada y perseverantemente las facultades del cuerpo y el cerebro. La disciplina es la que hace a los genios, los santos, los realizadores, a los que obtienen medallas olímpicas, a quienes terminan lo que empiezan. San Ignacio de Loyola no hubiese sido quien llegó a ser sin los “ejercicios espirituales” que desarrolló para afinar la concentración y su voluntad de conocer a Dios; lo mismo puede decirse de quienes practican Yoga, arte que no es otra cosa sino una forma extrema de auto disciplina. Claudio Arrau, un genio de la interpretación pianística, nunca dejó de someterse a la dura disciplina de 8 ó 10 horas diarias de ejercicios.

Los pasmados

Al contrario, en cambio, abundan por estos lados los individuos dotados de cierto talento que nunca dieron el cien por ciento de aquél, literalmente pasmados antes de madurar debido a la indisciplina. El país está lleno de escritores que no escribieron, pero declaran “haber sido mucho mejores que Cortázar”, y de peloteros que nunca salieron de la cancha de tierra, pero juran “haber sido mejores” que Zamorano. Más aún, el país está a medio camino en todo porque el promedio de su ciudadanía opera de esa manera, indisciplinadamente; por la misma razón somos un pueblo agriado y agresivo pues, amén de la mediocre vida que apenas nos permite ese sistema de trabajo, cada quien siente dentro de sí energías y talentos desperdiciados, impulsos pasmados y abortados, ambiciones fallidas. Y eso duele y sangra hasta el final de nuestros días.