Ambición y gestión

Enviado por Ricardo Roman el 02/08/2009 a las 23:32

Mis conversaciones en consultoría y en emprendimientos de las últimas semanas me traen esta reflexión que comparto con ustedes:

El capitán Pantaleón Pantoja es una maravilla del compromiso objetivo, racional, honesto y organizado. No importa la misión, Pantaleón sabrá ponerla en un plan, con procedimientos claros, indicadores precisos y lo acometerá con toda su disciplina.

Es importante la prudencia que se desarrolla con el tiempo para no cometer errores obvios ni repetirlos, y también importa cuidar la gestión del negocio, su crecimiento y supervivencia. Pero igual o más importante es permitirse soñar con horizontes lejanos, complejos, riesgosos. Así como hay muchos emprendedores fantasiosos que viven de sueños que no realizan o que fracasan por intentar realizarlos, también la obsesión por controlar todo, por las formas administrativas y los procedimientos puede transformarse en un gran problema para el crecimiento y supervivencia de un negocio y de toda organización.

La gestión es un medio y no un fin. El fin es el horizonte de realización que tiene una empresa o una organización, eso que en el plan estratégico llaman misión, pero no en el papel sino en el corazón de los integrantes, los jugadores de ese empeño. Y es un problema porque si no crece o no crece a una velocidad razonable, la organización pierde vitalidad, el entorno cambia, los competidores se toman el espacio, y especialmente, no encanta, no llena de energía de vida a sus participantes.

El obseso de la organización, el plan y el control, es un apasionado de ver el plan publicado, la carta gantt cumplida sin cambios, las cuentas al día. Pero no ve que la pasión en el equipo es un componente básico a considerar en la gestión de un negocio. Nadie, o muy poca gente, se apasiona con un plan o con un reglamento. Lo que apasiona son las posibilidades, los desafíos de invención, de posicionamiento, de transformación de la realidad personal y colectiva, las gestas, las grandes aventuras, la ambición.

Es necesario tener un negocio y un horizonte antes que pensar en organizarlo, planearlo, controlarlo, evaluarlo. Hay espacios de innovación en la administración del negocio, pero la energía vital del negocio nace de la convicción en que su horizonte es bueno, es necesario y factible. Y esa convicción es necesario cultivarla y contagiarla en todo el equipo.

Vivir apasionado con la invención permite imaginar horizontes abiertos, realidades que medidas por factibilidad en el presente parecen fantasías ridículas. No hay proyecto, inversión que no nazca de una pasión libre por imaginar un futuro desafiante, aunque lejano, difícil y hasta imposible de cumplir en el momento que lo sueño.

Pero vivir apasionado con la invención también permite contagiar ese entusiasmo a colaboradores, socios e inversionistas. Si quiero vivir y ser visto como emprendedor es básico transmitir esa disposición por la invención de horizontes y el compromiso incondicional con su realización. No se puede ser emprendedor y andar por la vida con el freno de mano activado.

La ambición no responde a circunstancias objetivas, la ambición es una disposición a mirar la vida con apertura y gusto por posibilidades desafiantes previa a las circunstancias objetivas, que de hecho permite ver el mundo como posibilidades desafiantes. Porque ando ambicioso, abierto a las posibilidades, es que la realidad objetiva se me aparece como circunstancias positivas para mi.

No se trata de ser fantasioso y saltar al vacío sin paracaídas, ya vendrá el momento de poner orden, diseño y gestión, pero sin perder de vista el horizonte que nos llama y nos convoca. Eso es lo que le da vitalidad a un negocio, eso es lo que le da vitalidad a una organización, eso es lo que mueve a un emprendedor y a su entorno.

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nike sb el 19/07/2010 a las 3:25

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